En esta muestra individual inaugural de la galería, el artista residente en Nueva York Pablo Jansana, plantea que se considere la inestable división que oscila entre territorios públicos y privados, personales y sociales, entre los diferentes poderes, entre control y sumisión. Esta línea está presente en la separación vertical de los lienzos deformados y reflectantes, en las bandas de caucho que utiliza para alterar y contener un lienzo negro, así como en las pulcras rayas de cocaína representadas en las fotografías montadas sobre aluminio. Todas ellas simbolizan la preocupación primordial de Jansana en su nuevo trabajo: la violencia y su interacción en nuestro mundo de maneras diversas; como forma de evasión, como una fuerza común e intrínseca al ser humano, como una manera de controlarnos o de llegar a controlar.

En la serie de estrellas deportivas, el artista sobrepone rayas de cocaína a fotografías de periódicos en las que aparecen atletas que han tenido problemas con las drogas. Aquí la violencia surge como acto contra uno mismo. Jansana yuxtapone la persona pública de esas celebridades y los demonios internos para hacer visible la dualidad con la que todos nos enfrentamos: cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos ven los demás. Las líneas de cocaína sobre los diarios duplican las preexistentes correspondientes a los perímetros de los campos deportivos. El acto de trazar líneas rememora los dibujos con cocaína de Helio Oiticica en los años setenta. Pero mientras Oiticica exploraba los límites de la producción a través de las propiedades transformadoras  propias del uso de las drogas, Jansana considera estas líneas como símbolo de violencia. Los colores utilizados son anémicos y recuerdan a los tonos de centros correccionales. 


Los lienzos destruidos evocan la actitud nihilista de Steven Parrino y su fascinación por la relación entre lienzo y bastidor. Pero Jansana rompe finalmente el soporte, esperando ver que sucede cuando su acto violento controlado interrumpe el lienzo, llevándolo al campo de la escultura. Aquí somos testigos de la violencia como fuerza productiva. La investigación sobre el potencial de la violencia continúa en las fotografías que captan la destrucción de automóviles, imágenes congeladas, extraídas de una televisión, apropiadas de la película Mad Max y de un vídeo musical. En la fotografía observamos un momento congelado de violencia colectiva. La película Mad Max es una visión distópica del futuro en la que la sociedad se ha desviado y abundan en ella actos de violencia aleatorios.

El acto de aislar este fotograma de la película se convierte en algo también aleatorio, un divorcio con la causalidad que hace plantear la fuente y el objetivo de la violencia. En la otra imagen la conexión entre el grupo de jóvenes y el coche incendiado que está próximo no está clara; estamos llamados a especular sobre su relación. Ambas imágenes son ficción, no documentales. En un mundo plagado de imágenes con violencia real ¿ por qué elegir éstas? Jansana está considerando la violencia conceptualmente y el uso de instancias prefabricadas nos permite recapacitar sobre el potencial de ésta y sus características formales preservando cierta distancia con la vida real. Incluso con las estrellas deportivas, está eligiendo celebridades que participan en entretenimiento televisivo.


Jansana también ha expresado su interés por las manifestaciones públicas y el rol de la violencia para potenciar el cambio social, estudiándola como herramienta unificadora. En estas obras entra en juego cómo la violencia opera y encuentra su camino entre lo que enseña y lo que esconde. Jansana explora las diferentes interacciones en un esfuerzo de alcanzar la inexplicable y a la vez tan cruda verdad de la violencia. Ha señalado que en estos trabajos no estamos ante el grito de Munch, sino frente a algo mucho más racional, no sentimental, controlado. Las palabras “20 minutes of Weight” están escritas sobre el lienzo de Mad Max y sirven para dar título a la exposición. Haciendo de puente entre temporal y lo físico, esta declaración evocadora persiste como una magulladura recordándonos lo ineludible de el más terrible y enigmático rasgo humano.