Nos hemos acostumbrado a preconcebir el mundo académico como legítimo contenedor y difusor de conocimiento. Hoy en día la responsabilidad de conservación de nuestros saberes recae sobre la fijación de la escritura en la pantalla o el papel. Reside en bibliotecas o hemerotecas, ya sean físicas o virtuales. Se nos está permitido olvidar, pues siempre será posible recurrir a los libros. Pero las bibliotecas requieren de nuestro deseo para cobrar vida. La práctica de la oralidad atraviesa los cuerpos. El oyente escucha. En el principio era el sonido, era el ritmo. La poesía oral hunde sus raíces en la melodía y el tropo. Decir y cantar, dice Estrabón, eran antiguamente lo mismo. Este proyecto se centra en la figura del artesano hacedor de guitarras, por ser la guitarra flamenca un instrumento que, a diferencia del resto de aquellos de cuerda frotada provenientes de una escuela estandarizada, surge como acompañamiento del comunicador o trovador en las tascas y tabancos y hoy en día continúa siendo un saber que en muchos casos se transmite de maestro a maestro, de forma oral. La voz da forma a la madera.

El trabajo de Cristina Mejías cuestiona los métodos estrictos y tradicionales de construcción de la historia por medio del relato lineal. Su obra surge de narraciones cercanas, como en este proyecto, en el que lleva tiempo compartiendo procesos y aprendiendo el oficio de su hermano luthier, que a su vez heredó sus conocimientos del maestro guitarrero Rafael López Porras, fallecido en Cádiz en 2012. Esta experiencia le permite llevar a cabo, desde su investigación artística, esta práctica artesanal y ser a su vez eslabón de transmisión y cuerpo de aprendizaje de aquellos procesos que vienen de antaño.

En un principio no eran luthieres, sino habilidosos ebanistas y carpinteros, los encargados de construir estos instrumentos, que funcionaban fundamentalmente como acompañamiento a aquellos/as trabajadores/as que cantaban en fraguas, mataderos o reuniones de taberna lo que no les estaba permitido decir libremente. Este gremio estaba lejos de una tradición escolástica, dando lugar a una artesanía que evoluciona de forma empírica y crea un instrumento cuya voz tiene mucho de la voz del artesano que las fabrica. Todas las piezas elaboradas para esta exposición han sido manufacturadas en el taller de guitarras del hermano de Cristina, en Jerez, partiendo de las mismas materias primas que se usan en la confección del instrumento y siguiendo su metodología y herramientas de trabajo. La premisa de escuchar y aprender con las manos y con el cuerpo (un buen número de componentes de la guitarra tienen la misma denominación que partes del cuerpo humano) ha sido relevante en todo el proceso. Ejemplo de estos procesos son el corte de las maderas, el encolado de los paños que forman las tapas armónicas, su varetaje y la deformación de los aros mediante aplicación de calor, la construcción y arqueo de la tapa armónica mediante el uso de almas, ensamblado de madera de distintas procedencias, incrustación de hueso y nácar, teñido de las maderas o la aplicación del barnizado con gomalaca ‘a muñequilla’, técnica artesanal ancestral propia de la guitarra por ser con anterioridad propia del trabajo del ebanista, de donde vienen los hacedores de guitarras.

Cristina Mejías (Jerez, 1986) es licenciada en Bellas Artes por la UEM, NCAD de Dublín y Máster en UCM. Tras varios años en Berlín, actualmente vive y trabaja en Madrid. Recientemente ha sido residente en Tabakalera Donostia y próximamente lo será en el Centro C3A y Hangar Lisboa. Su trabajo ha sido expuesto internacionalmente en instituciones como MACZUL (Maracaibo, Vz), Matadero Madrid/Galerias Municipais (Lisboa, Pt), Fund. Mendoza (Caracas, Vz), TEA Tenerife, Artothèque (Burdeos, Fr), Centro Cultural de España (Rosario, Ar /Lima, Pe), LABoral, el CAAC y CentroCentro, entre otros.