No es costumbre abordar el trabajo de un pintor desde el papel. Miguel Marina lleva años valiéndose de esta superficie, la cual le permite orografiar sus experiencias estéticas. Algo cercano a la piel, un plano sensible que acaba por someterse al tiempo y sus accidentes.

Los motivos de Miguel Marina son excusas para indagaciones formales, por ello en sus composiciones el espectro es amplio, desde motivos solemnes a inspiraciones más cotidianas o frecuentes, como es el caso de esta exposición. Los últimos estudios en los que ha trabajado el pintor se han ubicado cerca del río, lo que le ha permitido observarlo detenidamente a través de sus recorridos diarios. El recuerdo, el componente emocional y sensorial codifican su campo visual a la hora de circunscribirlo a la pintura.

Las obras que conforman la exposición, de gamas grises y verdosas, han sido trabajadas en plano, encolando el papel cuando ha sido necesario aumentar las proporciones, pero registrando su actividad al mismo tiempo en la totalidad del ensamblaje. La bidimensionalidad del papel, de escaso gramaje, adquiere relieve sin la necesidad de carga matérica mediante el uso de un óleo muy diluido. El tiempo juega una labor sustancial en esta fenomenología, con revelaciones cíclicas que erosionan el papel. El resultado son superficies evanescentes muy difíciles de reproducir, no solo por las graduaciones de color sino por la inevitable reducción de escala y la apreciación de ciertas cualidades, como los elementos pictóricos que salpican el papel. Hay una combinación de preocupaciones en la pintura (escala, luz, superficie o distancia) que resulta de una hermenéutica del río, de su vegetación y los sedimentos, de los reflejos del agua, del caudal y la corriente, de los cuerpos que flotan o aquellos que se mantienen sumergidos. Esta metáfora en el ejercicio de la pintura se cataliza a través de experiencias autorreferenciales que incitan al espectador al hallazgo de un paisaje figurado mediante la meditación y la introspección.

Miguel Marina (Madrid, 1989) vive y trabaja en Madrid. Ha realizado residencias en la Real Academia de España en Roma (Roma 2017-18), Piramidón Centre d’Art Contemporani (Barcelona, 2016-17) y Casa de Velázquez (Madrid, 2013). En los últimos años ha expuesto de manera individual en Fundación DIDAC (Manuel Eirís /Miguel Marina, 2018), galerías como Nordés (Arcetri, 2018) y etHALL (echarse a perder, echarse a dormir, 2018).